A veces los videojuegos reciben la mirada despectiva que los reduce a meros pasatiempos, sin embargo, ya muchos de ellos se han consolidado como poderosas herramientas pedagógicas.
Los Joven Club de Computación y Electrónica han sabido aprovechar este potencial para involucrarlos en la educación digital de las comunidades cubanas. La posición territorial y su misión de alfabetización tecnológica, han integrado los videojuegos en los planes de estudio y actividades recreativas, no como un fin en sí mismos, sino como un medio para desarrollar habilidades cognitivas superiores: la resolución de problemas, el pensamiento estratégico, la coordinación ojo-mano y la capacidad de toma de decisiones bajo presión.
La página web de la colección cubana de videojuegos Ludox, es un ejemplo palpable de cómo el entretenimiento interactivo puede ser un vehículo para enseñar desde matemáticas y física hasta historia y valores cívicos, todo ello envuelto en un entorno lúdico que mantiene el interés y la motivación de los jóvenes.
En los Joven Club, los videojuegos no solo se consumen, sino que se crean, y en ese proceso de creación radica el aprendizaje más profundo. A través de talleres de programación y diseño de videojuegos, los jóvenes no solo aprenden a manejar lenguajes de codificación y motores gráficos, sino que internalizan conceptos de lógica, algoritmos y diseño de interfaces. La competencia anual de robótica, que incorpora desafíos lúdicos, y los torneos de videojuegos que se celebran en el mes de agosto, son escenarios donde el conocimiento teórico se pone a prueba en la práctica, fomentando el trabajo en equipo, la sana competencia y la capacidad de aprender del error, todo bajo la guía de instructores que ven en el juego una oportunidad para cultivar la próxima generación de innovadores tecnológicos cubanos.
Más allá de la destreza técnica, los videojuegos en el contexto de los Joven Club fomentan valores sociales y emocionales fundamentales para el desarrollo integral de la juventud. El Día Mundial del Videojuego, celebrado cada 29 de agosto, se convierte en una jornada de reflexión y celebración donde se debaten temas como la ética en el diseño de juegos, el uso responsable del tiempo frente a las pantallas y la importancia de la inclusión y la diversidad en los entornos digitales. Al vincular los videojuegos con efemérides como el Día Internacional de la Solidaridad, el 31 de agosto, los Joven Club demuestran que el juego también puede ser un acto de cooperación y empatía, donde se comparten estrategias, se ayudan mutuamente a superar niveles y se construyen comunidades virtuales que trascienden las fronteras físicas. De esta manera, los videojuegos dejan de ser un simple entretenimiento para convertirse en un catalizador de aprendizaje significativo, habilidades para la vida y cohesión comunitaria, consolidando el rol de los Joven Club como espacios donde el futuro se construye jugando.