Ecos del desfile en las redes

Publicado por Joven Club en

Tomado del portal CubaSí

Te vi, muy temprano, desfilando con la familia, te veías más delgado o más joven, llevabas gafas de sol, pero te reconocí al instante. Te vi médica, sé que estabas detrás del nasobuco, el gorro, la careta, sé que tus ojos enamorados miraban a alguien que también fue al desfile y que te vio también, como yo, quizás desde otro pueblo, otra ciudad, otro país…

A ti también, maestra, y qué manera de recordar aquel desfile de hace… a ver… unos 27 años, cuando nos fuimos de la marcha a la playita de Buey Vaca, es una lástima que no tenemos fotos de aquel día, pero qué rico verte igual de alegre, disfrutando con tus nuevos alumnos, con tus compañeros y compañeras nuevos, estás igualita, maestra, tan joven y tan pionera, tan divertida siempre.

Colegas, por una vez hemos estado juntos y no cada uno en su puesto, preparados para contar un pedacito de la historia. Te vi, amiga, desafiando los días malos para decir presente con esa fuerza que solo tú…

Muchachos ¿ni siquiera un descansito para la foto?, participaron en el desfile virtual sin soltar la brocha, al más puro estilo guevariano, el bloque de la FEU se hizo casi omnipresente: “llenando de colores un círculo infantil”, como voluntarios en centros de aislamiento, poniendo su energía también en el ta ta ta, ta ta…

Lo vi a usted, Presidente, le confieso que, cuando lo miro ahí, al lado de su esposa, tan de azul como este cielo, compartiendo la vida y la causa, es como un soplo de fe. Por cierto, se le cuela muy bien a la clave cubana, por eso lo votamos y lo haríamos otra vez, como Presidente y como líder, porque sabe vibrar a nuestro ritmo.

Y te vi, Juan Formell, tan vivo, tan naciendo, casi pude escucharte decir otra vez que sí, que “duela a quien le duela, ya se hizo”. Andabas entre niños, con los artistas de la Colmenita, llevaban banderas y no pude escuchar pero creo que volvías a cantar: “Mi son es para el obrero,/ para el hombre que madruga/que a veces hasta en ayuna/trabaja sin ningún pero”.

Estábamos todos, Alejandrito que tiene esa imaginación tan grande, se confabuló con sus padres y amanecieron los tres desfilando en la calle vacía, con todo y pañoleta.

Yo también amanecí con duendes y al compás de la clave cubana, ustedes nos vieron, desde tantos lugares lejanos estuvimos juntos y escuchamos la orden de mi sobrina de dos años (en definitiva, quién si no ellos mueve a esta isla): “ahora canten”, mandó, y cantamos.

Cantamos y se hizo un eco de banderas tan largo y ancho, tan compartido, tan multiplicado que, no lo niego, extrañamos las plazas de siempre, pero se construyó en las redes una infinita, en la que nos vimos y nos sentimos todos y todas, frente al horno de cocer el pan, o junto a la cama de un enfermo, o en el surco, a pie de obra, o desde casa cumpliendo con lo más sagrado que es la vida; en el caimán o desde otros confines del mundo.

Celebramos el Primero de Mayo, hubo desfile y música y banderas, hubo lo que nos mantiene erguidos frente al temporal, lo que nos apuntala: unidad. No hay marcha atrás, trabajar duro y seguir hacia delante es mucho más que un estribillo, es la vida que soberanamente escogimos, y que vamos a defender como mambises.


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